Aprende el triple

Ser conscientes de cómo aprendemos nos ayuda a aprender en mayor profundidad. Este es uno de los objetivos del blog el cual estrenamos hablando de un modelo del aprendizaje descrito por el psicólogo estadounidense Benjamin Bloom. Como veremos, comprenderlo puede ayudar a multiplicar el ritmo y calidad del aprendizaje, especialmente en el ámbito de la instrucción en vuelo.

 

Bloom divide el aprendizaje en tres dimensiones o dominios. El primero de ellos, el cognitivo, es quizá el más conocido por cualquier alumno mientras que los otros dos, el psicomotor y el afectivo, no lo son tanto y juegan un papel importantísimo en la formación de pilotos.

 

La dimensión cognitiva del aprendizaje comprende los procesos tras los cuales el alumno asimila datos, conceptos, procesos, etcétera. Se subdivide a su vez en seis niveles, que responden a la progresión del alumno dentro de esta dimensión:

 

Recordar: memorizar datos o conceptos. Ejemplo: recordar la definición de la velocidad de pérdida.
Comprender: entender conceptos o ideas. Ejemplo: comprender el mecanismo de entrada en pérdida.
Aplicar: es la habilidad para usar un concepto en otro entorno o situación. Ejemplo: poder aplicar el concepto de entrada en pérdida también a un estabilizador horizontal o a un compresor.
Analizar: poder dividir en partes un concepto de cara a examinarlo en detalle. Ejemplo: analizar por separado la velocidad y el ángulo de ataque en el desarrollo de una pérdida.
Crear: describe la habilidad para combinar conceptos y generar nuevas conclusiones. Ejemplo: incorporar los efectos del ángulo de alabeo en el estudio de la velocidad de entrada en pérdida.
Evaluar: es el nivel más alto de esta dimensión del aprendizaje, y permite al estudiante que lo alcanza juzgar o contrastar situaciones que contengan un determinado concepto aprendido. Ejemplo: evaluar la combinación alabeo-velocidad que se tiene en cada punto del circuito de cara a estar lejos de la pérdida.

Por otro lado, la dimensión psicomotora del aprendizaje abarca los procesos tras los cuales el alumno adquiere capacidades de coordinación y uso de habilidades de manejo de herramientas. Tiene siete subniveles:

 

Percepción: reconocer las señales provenientes de los sentidos. Ejemplo: percibir el bataneo previo a la entrada en pérdida a través de la vibración de los controles.
Disposición: habilidad para conectar un estímulo o señal percibidas. Ejemplo: reconocer que ese bataneo es una indicación de la proximidad de la entrada en pérdida.
Respuesta guiada: es la habilidad del alumno para seguir las instrucciones del instructor o del procedimiento que ha estudiado. Ejemplo: ejecutar el procedimiento de recuperación de pérdida.
Mecanismo: este es el nivel intermedio en el aprendizaje de una habilidad y se alcanza cuando el alumno puede realizar una acción de manera natural y segura. Ejemplo: realizar el procedimiento de recuperación de pérdida de manera continua, sin pensar en cada paso sino en su resultado.
Respuesta compleja: en esta fase del aprendizaje el alumno es capaz de realizar una actividad a un alto nivel, con un mínimo retraso y con precisión. Ejemplo: realizar el procedimiento de recuperación de pérdida justo al recibir las señales de su aparición (anemómetro, bataneo, avisador, etcétera) y con escasa disminución de la altitud de vuelo.
Adaptación: el nivel de destreza es tan alto que permite extender un mismo procedimiento a situaciones nuevas o diferentes. Ejemplo: el piloto de vuelo a vela que realiza una rápida recuperación de pérdida mientras vira a térmica.
Creación: la persona es capaz de mejorar el procedimiento. Ejemplo: en un ensayo en vuelo, el piloto de ensayos es capaz de obtener el mejor procedimiento particular de recuperación de pérdida para cada tipo de avión que certifica.

Por último, la dimensión afectiva del aprendizaje considera las respuestas emocionales del alumno hacia el propio proceso de aprendizaje. Contiene cinco subniveles:

 

Recepción: es el nivel más bajo y consiste en prestar atención de manera pasiva. Ejemplo: atender a una explicación sobre el fenómeno de la pérdida.
Respuesta: exige una participación activa por parte del alumno. Ejemplo: tomar apuntes o realizar preguntas durante una clase sobre la pérdida para comprenderla a mayor nivel.
Valoración: el estudiante establece un valor a lo que aprende. Ejemplo: tras la clase el alumno valora la importancia de reconocer la pérdida y conocer los procedimientos asociados.
Organización: es la habilidad para situar nuevos conocimientos en relación a su orden lógico o prioridad. Ejemplo: el alumno es capaz de situar lo aprendido sobre la velocidad de pérdida a continuación de lo aprendido sobre control de velocidad por actitudes de morro.
Caracterización: en este último nivel el alumno integra una habilidad junto a otras en aras de un bien mayor o abstracto. Ejemplo: conectar todo lo relacionado con la pérdida (concepto, procedimientos, variables, etcétera) con la seguridad operacional, la valoración de la vida, etcétera.

Desde el punto de vista del instructor, es importante garantizar que el alumno vaya pasando satisfactoriamente por todas las fases anteriores, con acciones que en última instancia promueven un aprendizaje completo y eficaz:

  • Preguntar periódicamente por datos y conceptos ya aprendidos.
  • Realizar preguntas que obliguen a interrelacionar conceptos.
  • Crear oportunidades o escenarios para que el alumno aplique lo aprendido.
  • Promover la repetición de procedimientos hasta conseguir su dominio.
  • Motivar al alumno a estudiar, aumentando su confianza en el aprendizaje.
  • Conectar lo aprendido con valores mayores o más complejos (seguridad, eficiencia, etcétera).

Para ampliar información sobre este tema, recomendamos la lectura del capítulo 2 (El proceso de aprendizaje) del Manual del instructor de la FAA (gratuito en este enlace).